Con el objetivo de ser un aporte en la igualdad de género y en el empoderamiento de la mujer a través de la comunicación audiovisual es que, como es tradición, la Escuela CINELEBU realizó talleres de cortometraje en Arica y Lebu, los que tuvieron como producto un cortometraje en cada ciudad. Además, la intención es entregarles un nuevo lenguaje de comunicación y una herramienta de expresión, ayudando a fomentar la autonomía personal y el autodesarrollo de las mujeres.

Los trabajos se presentaron en la 19ª versión del Festival Internacional de Cine de Lebu, CINELEBU, teniendo gran aceptación en el público asistente.

El cortometraje grabado en la ciudad de la eterna primavera fue "Warmi Q’ulliri", desarrollado por 15 integrantes del colectivo de mujeres Aymarás.

"El nombre significa curandera o mujer sanadora", aseguró Delia Márquez, una fe las participantes, quien viajó cerca de 2 mil 800 kilómetros hasta Lebu para estar presente en la presentación del trabajo suyo y de sus compañeras.

Según Márquez, el cortometraje "plasma lo que significa ser mujer aymará, que es sentirse parte de que nuestros ancestros, nuestros abuelos y quienes estuvieron antes que nosotros nos pasaron muchas costumbres, tradiciones y ritos como el respeto a la tierra, a la pachamama, a todo lo que tiene vida, y estamos en contra de todo lo que perjudique al ecosistema, a la fauna y otros".

Cuando el colectivo pensaba en qué grabar, hubo una lluvia de ideas. "Después de todo lo que analizamos en esos minutos, nos dimos cuenta que más que el tener sangre aymará, tomamos el tema de no haber sido reconocidos como pueblo originario, haber sido discriminados por muchos años, tanto que no pudimos trascender nuestra lengua materna", comenta la oriunda de Putre.

La representante cuenta que "faltaba unirnos y desahogarnos con cosas con los que nos sentimos atropellados, pero estos años se está reconociendo y valorando".

El cortometraje no cuenta una historia de tristeza ni tragedia, sino que se muestra desde el lado de una mujer profesional que está inserta en el mundo laboral, pero que había olvidado lo que era ser mujer aymará, porque en el pasado su familia le negó también su derecho a sentirse así para no ser discriminada.

"No voy a contar el final, pero es muy emocionante", asegura Márquez.

La nortina hace la invitación a ver el documental, lo que permite "valorar nuestros pueblos originarios, su cultura desde las cosas más mínimas, porque tenemos una historia que contar y algo que entrega valor agregado a nuestros antepasados".

Asimismo, Márquez puntualiza que "hay que transmitir nuestros valores a lo urbano y dejar claro que el aymará de ninguna manera va a querer ganar con la fuerza bruta un derecho, sino con inteligencia y estudio".

Cabe destacar que este proyecto se realizó con el financiamiento del Programa Otras Instituciones Colaboradoras del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.