Sean Milliken es un joven de 26 años que se convirtió en un adicto a la comida luego que cuando niño se sitiera culpable por el divorcio de sus padres, refugiando su pena y trauma en los bocadillos.

El joven oriundo de California vive con su madre Renné, a quien le pide que lo consienta con cada antojo. Es por esto que el hombre comenzó a aumentar considerablemente de peso, lo que lo ha mantenido encerrado en su habitación por muchos años, teniendo que orinar en un balde que está colocado al pie de su cama, ya que no resiste estar parado por más de 30 segundos.

Sean sabe que si no consigue bajar de peso no vivirá más allá de los 30 años, es por eso que decidió participar del programa Kilos Mortales a pesar que desconocía su peso real. Cuando llegó hasta el hospital del doctor Nowzaradan, descubrió que pesaba 416 kilos.

¿Quieres saber cómo termina esta historia? Revive a continuación el capítulo.