La jarana que se montó en los alrededores del último entrenamiento de Renca Juniors antes de enfrentarse a Juventud Recoleta, en pleno Santiago, fue de reanimar la última esperanza. Ahí estaban los aficionados de azul y amarillo soplando sin resuello las trompetas, golpeando con fiereza los bombos y cantando a grito pelado. Toda una fiesta. Una que en 90 minutos podría ser apagada para siempre. Todo sea para que Renca Juniors no descienda por primera vez en sus 60 años de historia a las catacumbas de la tercera división, esa categoría que topa con el fútbol amateur.

Descompuesto Renca, sin jugadores de referencia, con una serie de ocho partidos consecutivos sin conocer la victoria, con retraso en el pago de los sueldos y con el técnico como gafe -suma dos descensos y acaricia el tercero-, la hinchada se aferra a cualquier cosa.

Es por eso que el día de ayer la ilusión juntó a unos 150 aficionados que se reunieron en las afueras del estadio de Renca y alentaron al equipo en el entrenamiento.

Más allá del estruendo, acompañado incluso con pirotecnia, no hubo incidente alguno. Algo que no deja de preocupar a Carabineros ya que después de los altercados en el penúltimo partido del campeonato, tres hinchas de la barra de Renca salieron al campo y amenazaron a varios jugadores de su equipo. El club, por ejemplo, ya ha lanzado un comunicado avisando de las medidas de seguridad que se instalarán en el estadio, llamando a la cordura en caso de cualquier escenario.

En los entrenamientos hubo 150 aficionados. En el estadio de Renca habrá 5.000. Todos a una. Al frente estará su eterno rival: Juventud Recoleta. Renca Juniors pende de un hilo; se juega la vida y algo más.