Renuncia en baile marchito: músicos y sus muertes excéntricas, curiosas y misteriosas

Renuncia en baile marchito: músicos y sus muertes excéntricas, curiosas y misteriosas

  • Por Matías Andújar

Pt. 1

Operación Compras.
Christia "Nico" Paffgen
Más conocida por su nombre artístico «Nico», fue una cantante, modelo y actriz alemana. A temprana edad llamó la atención de Federico Fellini quien le dio un pequeño rol en La Dolce Vita. Luego ya estaba en la portada del disco «Moon Beams» del intachable pianista de jazz Bill Evans.

Tuvo un hijo, que nunca fue reconocido por su padre, Alain Deloin —famoso actor francés—, pero criado y adoptado por los padres de éste. Conoce a Brian Jones de los Rolling Stones, al igual que ella, con problemas de heroína, y graban el primer single de su carrera, “I’m Not Saying” producida por Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin. Rápidamente se convierte en una de las musas del hombre de plástico, Andy Warhol, participando en las  bizarras películas de Paul Morrissey.

Apenas Warhol se empezó a hacer cargo de la banda de Lou Reed y John Cale, The Velvet Underground, los convenció de meter a Nico en la banda a modo de «chanteuse». Aceptan. Aparece en cuatro temas.

El álbum está rankeado N°13 en los 500 Greatest Albums of All Time de la Rolling Stone. En su tiempo no le dieron mucha bola.

Después, haría buenas migas con otro cabro bien sano, Jim Morrison, quien la incentivó a hacer sus propias canciones. Sacó sus discos solistas donde, aparte de una banda, ella se acompañaba de su armónica. Teloneó a Pink Floyd, Siouxsie and the Banshees, The Sisters Of Mercy. Un día le robaron su armónica y Patti Smith le regaló una nueva. En una presentación en Berlín se le ocurrió cantar el himno nacional de Alemania, pero con los versos omitidos después del 45. Caos en la audiencia. Le tiró una copa de vino a una mujer de raza negra, mientras gritaba “odio a la gente negra”.

En 1988, mientras estaba de vacaciones en Ibiza, iba en bicicleta y le dio un ataque al corazón, más, sendo golpe en la cabeza. Inconsciente. Hemorragia Cerebral. Era el día más caluroso del año. La encontraron y le diagnosticaron muerte por insolación. Su hijo, después declaró que su madre “iba a comprar marihuana y volvía”.

Contó las lágrimas del río. Sabía cuántas eran. 
Jeff Buckley
Buckley fue de esas promesas que nos dejaron con un gusto terriblemente áspero. Un solo disco. «Grace». Prácticamente una obra maestra. Le das play y al segundo y medio te das cuenta que se trata de algo inusual. Ya cuando lo escuchas cantar, si lo conoces, comienza un nuevo viaje y, si no lo has escuchado, comienza una carrera sin banderín de meta.

Tomó su primera guitarra a los cinco años y a los 13 su primera Les Paul. Escuchó y participó en bandas de todos los estilos. Led Zeppelin, Kiss, Rush, Al Di Meola. Del blues de Robert Johnson al hardcore punk de Bad Brains. Esto se reflejó en su propia traducción, difícilmente clasificable. «Grace» transita entre el jazz, blues, rock, folk, rock, rock y rock. Sensibilidad. Configurando su propio universo. Sin mirar para el lado. Y cuando miraba, lo hacía para realizar exquisitas versiones de otros autores. “Hallelujah” el primerísimo primer ejemplo. De esos covers —con su permiso— que superan la versión original. Cuando el discípulo supera al maestro.

Dylan dijo que era “uno de los mejores compositores de la década” y al mismo tiempo Bowie decía que “era uno de los diez discos que se llevaría a una isla desierta”. El guitarrista de los mismos Led Zeppelin, cree que “es su disco favorito de los 90s”.

Cuando todo presagiaba que efectivamente Jeff Buckley era humano, y que su voz increíblemente versátil y su paso de un estilo a otro, como si nada, nos iba a entregar otra sorpresita, se mudó a Memphis donde se encuentra el río Mississippi, a componer y hacer maquetas de su segundo disco. Se bañaba prácticamente todos los días ahí.

Cuando llegó su banda para acompañarlo en el proceso de grabación, juntos, algunos de ellos, se tiraron al rió, felices, cantando "Whole Lotta Love" con la ropa puesta. Vieron a Buckley desaparecer. No recuerdo si tres o cuatro días después lo encontraron flotando. Color verde muerte. Hinchado. La autopsia no encontró rastros de alcohol ni drogas. Era un cabro sano. Nunca sabremos qué pasó ni qué hubiese pasado con su segunda entrega. Por algo los accidentes se llaman accidentes. Y por algo las esposas se llaman esposas.

Recuperación postparto. 
Chet Baker
Su padre le compró un trombón, pero al ser muy grande para él, luego lo reemplazaría por una trompeta. Así partía la historia de el exponente de «cool jazz» (o West Coast Jazz) más exquisito que hemos presenciado.

Coros de iglesias y después trompeta en la banda del ejército. Intuitivo y autodidacta. Hay gente que nace con un don. Al safar del ejército, comenzó su carrera profesional. Después de cursar un poco de teoría y armonía, ya estaba tocando con Stan Getz y el año 52 ya era elegido para tocar con Charlie Parker. Eso era la fama inmediata.

Chet Baker lo tuvo todo muy fácil. Su primer LP fue con Gerry Mulligan Quartet, que incluía la famosa y elegante versión “My Funny Valentine” era una demostración evidente de la necesidad de expresión artística, al no poder dejar ni de tocar ni de cantar.

Ya para comienzo de los 60s estaba completamente adicto a la heroína. Lo que lo llevó de paseo por la cárcel en varias ocasiones. Entraba y salía, por períodos cortos, de ella. Drogado, peleaba hasta con las moscas. La última vez lo patearon en el suelo hasta romperle todo lo que se llama boca. Tuvo que modificar la postura de su embocadura en la trompeta. Incluso tuvo que cambiarla por el fliscorno.

A finales de los 60s grabó poco y nada. Era muy raro que se presentara en vivo. A principio de los 70s ya se había retirado por completo. Con ayuda de su amigo y colega Dizzy Gillespie, quien le presentó la metadona, pudo ir controlando su adicción. Logró desadormecerse y retomar sus presentaciones por un par de años más, girando por Europa, Japón y Estados Unidos. El 83 se presentó, incluso, junto a Elvis Costello. El 88 se cayó por la ventana de un hotel en Ámsterdam. Quizás en qué estaba. 58 años.

Putrefactus criatura. 
Per Yngve Ohlin
Más conocido como «Dead» fue el vocalista de Mayhem, una de las bandas más importantes y pioneras del movimiento black metal noruego. El black metal —como todos los géneros del metal— tiene un punto de origen difuso. No exacto. O, por lo menos, polémico entre sus seguidores. Algunos lo sitúan ahí, otros lo sitúan allá. Y no todo es blanco o negro.

Por cierto Dead era sueco, pero mandó un sobre con un cassette y un cuy en descomposición para audicionar en Mayhem, y estos, boquiabiertos, le pidieron que se mudara a Oslo.

A mediados de los años 80s, Mayhem lideraba una escena con un sonido que no se había escuchado antes. De garage y bajo presupuesto, estos veinteañeros, mientras más crudo sonaran, mejor para ellos. Querían diferenciarse de todo. Repudiaban todo tipo de metal que no fuese el más extremo. Y ellos lo llevaron a la carta.

En lo musical y en lo personal. Contra el catolicismo imperante en el país escandinavo, contrario a sus orígenes paganos, llegaron a quemar iglesias. Iglesias medievales de madera. Querían horrorizar a la sociedad.

Para lograr esto se vestían con hostilidad y se maquillaban («corpsepaint») en sus presentaciones. Dead se mutilaba al unísono de sus gritos de guerra y muerte. Dead quería parecer un muerto, como su nombre artístico lo dice. Enterraba su ropa días antes de las presentaciones, para sentirse bajo tierra. Su maquillaje no era el de Kiss. Era el de una calavera.

Odiaba los gatos. Los mataba y los mantenía bajo su cama. Hasta sentir el hedor. Siempre estuvo deprimido. Siempre pensó en la muerte. Una explicación es que padecía el síndrome de Cotard. El sello Roadrunner Records, uno de los cinco más importantes a nivel mundial, lo puso en el N°48 de los mejores «front-men» de todos los tiempos.

En 1991 se dio un escopetazo esparciendo todo el interior de su cráneo, acompañado de una nota que decía “Disculpen por la sangre”. Cuando fue encontrado por uno de sus compañeros de casa, Euronymous, antes de llamar a la policía le sacó fotos al maravilloso escenario. Éstas son hoy en día la portada del disco «Dawn of the Black Hearts». Creo que es mejor no pegarla acá.

El bueno, el malo y la chica de compras. 
Jimi Hendrix
La versión oficial, todos sabemos, como si fuese tradición oral, es que Jimi murió ahogado por su propio vómito, después de sus múltiples excesos un 18 de septiembre de 1970.

Pero, contra lo que uno piensa, hay un enredo que cubre todo con un velo de misterio. Más allá de las múltiples teorías que siempre salen a flote —hay muchas, todas distintas y confusas—, una corre con ventaja. Ya que el único que se ha manifestado explícitamente sobre el tema, sin titubear, aparte del informe médico, ha sido su roadie llamado James Wright, quien escribió sus memorias «Rock Roadie» (2009) donde indica que el seguro de vida del seis cuerdas sería el motivo que valiera más, muerto que vivo.

Mike Jeffery fue su mánager desde 1960. Y el seguro estaba a su nombre, pero éste iba a ser despedido en cualquier momento, así que antes, debía accionar. Le habría metido las pastillas que Jimi usaba para dormir hasta por los codos y una cantidad de vino que, según dijo el perito, horizontalmente, le subía hasta la tráquea. Lo cual físicamente es bastante poco probable e invita a pensar que se le introdujo una vez ya muerto.

Todo esto, entre que Monika Dannemann, su novia, salía a comprar. Esta fue una de las últimas fotos que le tomo. Jimi quería cambiar su imagen, por la de un hombre más ordenado. Así como también su música estaba introduciendo nuevos elementos. 

El roadie narra que el mismo mánager se lo había confesado, ya pasado de copas. Tappy Wright, quien trabajó con Jeffry, nos cuenta algo similar. Dice que Jeffry, efectivamente confiesa, pero por algo relacionado con una mafia que lo seguía. Escapaba a Mallorca, se dio cuenta que esta mafia estaba ahí “a por él”, voló a Inglaterra de vuelta y, esto es seguro, el avión donde viajaba chocó contra otro mientras sobrevolaban Francia. No hubo sobrevivientes.

Hasta tenemos la teoría de una nueva investigación que habría revelado que Hendrix llegó vivo al hospital, y al girar su cabeza para vomitar, el camillero reposicionó su cabeza sobre la camilla, causando el atragantamiento. Nunca sabremos la verdad, pues la única testigo presencial, Monika Dannemann, al volver de las compras, se suicidó en 1996. Lo cual desató nuevas sospechas sobre la información que manejaba.

As de espadas.
Cliff Burton
Bajista de Metallica de 1983 a 1986. Lapso corto pero agudo. A la fecha, el mejor bajista de Metallica, sin dudas.

Esta historia es bastante famosa y verídica, ya que todos sobrevivieron, menos él. Ésta no tiene nada que ver con drogas. ¿Qué será que los virtuosos mueren? ¿O es simplemente que la gente muere random? Bueno, la muerte es lo único seguro en esta vida. Llegue cuando llegue. Lo hemos dicho y lo seguiremos diciendo.

La forma de tocar de Cliff Burton, dentro del estilo, no tiene precedentes. Tomaba protagonismo sobre las guitarras. Algo muy raro de ver. Su presencia y estilo en el escenario también lo eran. Está clasificado en el lugar N°9 de los diez mejores bajistas de la historia por la Rolling Stone.

Master of Puppets, disco que promocionaban y que ya había coronado a la banda en los lugares más altos del Thrash Metal, los tenía de gira. Esa noche viajaban a Estocolmo en bus —estamos hablando del 86, nada que ver con la banda en que se ha convertido y conocemos hoy—, el guitarrista Kirk Hammett tenía la mejor ubicación, así que ese día decidieron tirar las cartas para sortear dónde dormirían. Cliff sacó un as de espadas. Y se quedó con el puesto de Hammett.

Entre 4:00 y 5:00 AM el bus comenzó a derrapar, perdiendo el control. Burton salió expulsado por la ventana. Y luego la masa de cuatro ruedas cayó encima de él. Solo sus piernas se asomaban. Intentaron levantar el bus, sin resultados. Compresión toráxica contuso-pulmonar. La promesa del bajo tenía 24 años.

El chofer apeló a que había hielo en la carretera. No hubo rastros de alcohol, drogas, hielo o de quedarse dormido al volante. Aunque esta última es la teoría que invariablemente ha cobrado más fuerza. Tenían tres discos y ni la menor idea qué hacer sin Cliff. Era el cerebro de la banda. Les hacía escuchar Bach, The Police, Simon & Garfunkel, Misfits. Leer a Lovecraft, donde se originaron varias letras de canciones como “The Call Of Cthulhu” o “The Thing That Should Not Be”.

La separación era la única opción, pero los padres de Cliff, en el funeral, los instaron a seguir como banda. Para muchos fans ese fue el fin de Metallica. Por supuesto, muchos hubiesen querido que fuese Hammett quien ocupaba ese lugar. Los discos que vienen no existen. Metallica murió por completo para muchos. Tampoco se reconoce a los nuevos bajistas. 

¿Cómo hubiese sido la evolución musical de Metallica? Por supuesto, nunca lo sabremos. 

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Zona tres datos: 
1.- Jeff Porcaro, baterista del grupo Toto murió en 1992 intoxicado por inhalar insecticida.
2.- Carlos Gardel murío al chocar su avión en vías de despegar con otro que estaba estacionado. 
3.- Michael Hutchence, vocalista de INXS murió al practicar la hipoxifilia. Sensación de placer a través de la disminución de la respiración durante la actividad sexual. Un anecdótico pagaré del llamado "kinky love". 

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Próxima entrega: 

Randy Rhoads (Ozzy Osbourne)
Elliott Smith (Solista)
Kurt Cobain (Nirvana)
Wolfgang Amadeus Mozart (Compositor)
Sid Vicious (Sex Pistols)
Nick Drake (Solista)

 

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