Araña: los viudos del nacionalismo chilensis

Araña: los viudos del nacionalismo chilensis

  • Por Matías Andújar

Ma gustaba Andrés Wood. Cuando hacen esas típicas preguntas de cuáles son tus películas chilenas favoritas, a «Historias de Fútbol» (1997) nunca la dejo fuera.

«Araña» nos trae la última entrega de Wood, donde la invitación dice ¿qué habrá sido de los integrantes de Patria y Libertad? ¿Dónde han estado todo este tiempo? Simple. A tu lado.

Es un tema delicado. ¿Es un tema delicado?

Lo mejor de la película, es que al principio no toma partido —como ya estábamos acostumbrándonos a ver en sus películas— y eso está muy bueno porque nos cuesta encontrar una reflexión clara, nos la pone difícil, y nos hace dudar de quién está en lo correcto y quién no. Si es que ese concepto existe.

Lo malo, muy malo, es que en nuestro país solo existía negro o blanco. Antaño, eras de izquierdas o derechas. En la actualidad existe una tercera vía. Bien difusa, poco clara y apropiada equivocadamente por muchos. Por ejemplo, aquellos que dicen ser anticomunistas y anticapitalistas. Pero, bueno, existe.

Sin duda, al director, con su historia y su visión, le costó más de lo habitual ponerse en los pies del bando contrario, pero lo hizo. Y está logrado, muy bien plasmado en la película.

La no abanderización.

Incluso hay un pequeño pololeo con la ideología antagónica. Hay matiz. Y eso se agradece, porque de lo contrario, tenemos millones y millones de metraje para perder el tiempo, ver, y que nos impongan una mirada. Agotando todas las lágrimas de la Tierra.

La ignorancia es el don de los hombres.

Otro “poroto” que se anota la película es mostrarnos la historia de una ideología al mismo tiempo que una historia de amor. Pero no radica justamente ahí la prueba de lo encantador, porque ya estamos acostumbrados a la difícil y aburrida historia de una relación entre partes de bandos contrarios, sino que es desde el mismo lugar. Y no entre dos de un bando cualquiera. Es de uno de ultraderecha. Se vuelven a caer los edificios viejos.

Sin saber, a ratos conversaba para dentro y me decía “Oh, qué bueno el texto”. Y claro, es de Guillermo Calderón. Tremendo dramaturgo chileno. Su obra «Clase» debiese estar en toda Antología de Dramaturgia Chilena. A ratos, hay textos tan maravillosos como espeluznantes. Un poroto más. Lo que más debemos hacer es tocar el suelo. La verdadera patria está en los pies.

Hay dos actuaciones que, si hubiese un tipo de Óscar chileno —ni hablemos de los premios Altazor— se lo llevan cascando. Por trabajo.

María Valverde es española. Y es sencillamente increíble el chileno neutro que logra. También lo es, por supuesto, su coach vocal. Algunas sesiones, supe, fueron realizadas por Skype. Algo que nunca hubiésemos podido pensar hace un tiempo. Tema aparte es la actuación. Me deja un gustillo a que se están acabando las buenas actrices chilenas y vamos a tener que salir a buscarlas en el exterior. No se enojen, chiquillas, pero ¿quién podría hacer ese papel así? ¿Con ese perfil de casting? Apuesto por Macarena Teke. Manuela Oyarzún. Y sería. Lo que habla de esa carencia. Me encantaría decir Daniela Lhorente y Trinidad González, pero pueden estar “menos jóvenes”, para estos efectos. La vida no siempre usa el mismo pantalón.

(¡María Gracia Omega está super bien!). 

Mercedes Morán, argentina. Oye, el chileno es el más difícil de imitar. Se puede imitar a un mexicano, un peruano, un argentino, un colombiano, un venezolano, ¿pero un chileno? Y esto no es una imitación. Es interpretación. Deja toda una vida e historia de articulación y dicción de lado, para pasarse a un chileno, de la clase alta, sin caer en una simple réplica de la señora con la papa en la boca, que sería lo más sencillo. 

Éste lo podría haber hecho una chilena. Pero me da la impresión que, quizás tomar distancia de la realidad del país, hable de una actuación sin prejuicios. Porque hay actores, actrices, que lo hacen. Inconscientemente. Digamos, no son conscientes y están cargados por su vivencia, su experiencia como persona/actor y no cómo lo vive el personaje. Es algo super natural.

Hay quienes se agotan de la temática política. Yo no. ¿Qué le vamos a hacer? Algo por dentro se empieza a romper cada cierto tiempo. No puede desaparecer el sentimiento. No puede desaparecer el contexto. El pasado. Al hombre no se lo puede comer el tiempo. El tiempo no se puede comer tu corazón mudo. ¿Qué se siente verlo morir?

Vidas se escuchan bajo y sobre la tierra. Las casas de gente viva están llenas de fotografías de muertos.

La caracterización, el maquillaje de Marcelo Alonso está alucinante. En teatro, puede realizarse un trabajo más blando, pasa piola, pero que en cine pase piola está muy delicado. Y lo hace. Con creces. Tienes la cámara HD a diez centímetros. Y si no lo has visto antes, ni se nota. El medio plato de poroto.

Además, me da la impresión que Andrés Wood dirige, efectivamente, actores. Cosa que ya ni en el fútbol sucede. Juegan para adelante no más. El DT ni se para. No da indicaciones. Aquí está todo muy cuidado. Cada gesto tiene su significado. Su intención. Nada parece estar al azar. Me deleita Alonso. No tiene que hacer mucho. Lo pones en escena, solo, le enciendes un foco y la pega ya está hecha. Eso se llamar tener “ángel”. Ya cuando abre la boca y se escucha su voz, te rindes. No es siempre un actorazo, pero cada cierto sorprende al cien.

Patria y Libertad fue uno de los tantos movimientos que nunca debieron existir. Y esta fue la hora de dejarlos sin ropas, al desnudo, en nuestro país. Ya será el turno de otros.

Escuché también que es la última película de Wood. Ya no volverá a hacer otra.

Ojalá que no sea así. Le queda mucha evolución. Salir de este Chile. González Iñárritu y Alfonso Cuarón estaban en su México bien mexicano y miren ahora. Quizás no sea su intención. Como la de Ricardo Darín nunca fue ir a Hollywood y rechazó toda oferta. Es una postura.

¿Dónde están los artistas de derecha? Al mejor de ellos, se le aparecía Jaime Guzmán y conversaban por la noche. Junto a su almohada.

Es la eterna lucha entre este negro y blanco que no acabará en Chile. Por un tiempo.
Quizás las nuevas generaciones estén más “chino rioizadas” y no estén “ni ahí”. Pero dudo. El rol, la misión es crear conciencia. Retratar la realidad. Y el arte, con mayúscula inicial, no acabará.

Un bando. El otro bando.

Violencia con violencia, se asoma como el lema de todos en este exasperante y testarudo planeta. Controlar con la fuerza. Meterte un ideal con balas.

Los golpes nos convertirán en papeles. En la cuenta de la luz, que nos pasa la cuenta, en servilletas, un cuaderno en blanco, que se llena con letras que no entendemos. Como en ruso.

Por ahí va el estreno nacional más esperado. Después de un intervalo en su filmografía, puedo decir que me gusta Andrés Wood. Es buenito dentro de nuestro país. Nos hace bien. Cumple un rol social. Ciudadano. Artístico. Romántico. Idealista. Tiene un dolor. Debemos educar y educarnos. Al menos, conocer y registrar nuestra historia. ¿De qué nos sirve ver la historia de una pareja en la cama de un motel conversando sobre sus vidas? 

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Zona tres daros:

1.- Marcelo Alonso tiene el tendón del dedo meñique cortado. Por eso siempre está recogido.
2.- El proceso de maquillaje de Alonso tardaba cuatro horas.
3.- Conocida como “La Araña”, es el símbolo de Patria y Libertad.

 

 

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