Lemebel: cuando el carnaval ceniciento es la inundación emocional

Lemebel: cuando el carnaval ceniciento es la inundación emocional

  • Por Matías Andújar

Si pudiese poner un corazón quemándose, lo pondría aquí mismo.

Hermoso y doloroso.

Todo esto me mostró y conversamos con Pedro y con la película. Se los juro. Fue una función de preestreno para el prestigioso SANFIC en su versión decimoquinta, a medio día, con no más de seis personas en la sala. Agradable. De piernas cruzas, hablamos de todo. 

Pedro Mardones Lemebel, querías que esta película fuese una reconstrucción, no una biografía. Las biografías son una especie de destello que se apaga en el tiempo. Algo momentáneo y repentino. Tú querías perdurar. Sabías que tu trabajo, además de ser imposible que quede solo en nuestra casa, como un libro juntando polvo, debía quedar archivado. El registro de obra y de existencia. Aquí tenemos el claro ejemplo del artista que no separa vida de obra. Moriste en tu ley. Fuiste consecuente. Desde ese jóven homosexual marginal —ya sé que ese término no te acomoda, te llamo “loca”, “sacacorchos”, “Tereso”, “la Tacones Lejanos”, “la Pide Fiado”, "la No Se Fía", "la Si Me Llaman Voy", "la Abeja Maya"—, dispuesto a ser gritoneado por tus vecinos allá en San Michael, o incluso golpeado, porque en los 60s nadie hablaba “de eso”. Porque tu vida fue Arte y el Arte es como un combo en el hocico.

Mardones era tu apellido paterno, pero “Pedro Mardones” sonaba a obrero. Mientras que el materno te identificaba y acercaba a lo femenino. Además de tu adoración, rozando lo obsesivo, con tu madre. Tierno. ¿Dónde quedó esa foto de tu madre que llevabas a todas tus presentaciones? Espero la hayan metido a tu cajón.

Tú combate no era ser y mostrarte abiertamente como eras. Cosa que supiste desde muy temprano. Todo comenzó como tu llamado a que hombres y mujeres asumieran su condición y levantaran cabeza, dispuestos a todo, pero ante todo, primero, con la verdad, porque “el gay está antes que el artista”, dijiste. Porque hay homosexuales que están siendo desfigurados, apuñalados, porque hay jefes en sus oficinas que viven en el closet y solo esperan ser despedidos y así se les va la vida, porque hay niños de seis años que están violando en este momento.

Las «Yeguas del Apocalipsis», tu colectivo de arte homosexual, junto a Francisco Casas, pretendía —y lo lograron— estremecer a toda la sociedad y ese mundillo artístico de la época. Allá por el 83 cuando comenzaron a alzar la voz, tú y otros, porque el silencio no era una opción. Sus performances incluían pintura roja, rojo sangre, con las manos manchadas, desnudos, fuego. Les gritaban “por el poto”, “maricones”, como me hubiese gustado estar ahí.

Tu fijación con el fuego que no sé de dónde viene o podría venir. Lo he pensado. Desde calentar a la luz del fuego, cera para depilarte el pecho, rodar por la escalera en llamas frente al MAC, fumar como yegua, prender las típicas velitas, esas con base de aluminio, a las afueras de la casa de tus padres, donde dormías desde pendejo, y maricón. Y siempre te apoyaron.

Pusiste en riesgo tu propio cuerpo. Lo llevaste al extremo. Como toda buena performance. No te pregunté si en Chile ya se conocía lo que estaban haciendo Chris Burden y Marina Abramovic. Pero sí agradecí tus acciones, las del C.A.D.A, las de Zurita, incluso las del guatón Leppe. Porque para algunos todo es «performance», pero la performance es un acto irrepetible. Quizás, el gesto final.

Me da risa que a ratos no te podías expresar bien en palabras. En tus ideas. Pero los buenos escritores nunca han sido buenos hablando, porque solo saben hacerlo por escrito. Menos, los malos escritores, claro, porque hablan mucho y escriben poco.

Por eso te pusiste a escribir, te concentraste en eso y dejaste a la escritura como tu única manifestación. Hasta que supiste que no ibas a poder escribir más. Que ya estabas muy enfermo, e hiciste tu último acto. Dibujaste cada letra del abecedario y le prendiste fuego. Fue tu último escrito. Y te agarrabas del pasamanos para bajar, con dificultad. Porque los tacos no te los sacaba nadie, regia. Y la muerte tampoco. No escribiste una frase, una cita, una idea, escribiste un abecedario porque están contenidas todas las frases del mundo.

Me quedé en blanco, Pedro. Ahora. Me quedé en blanco.

Afecto
Voz
Dolor
Resistencia
Mi papá
Suicidio
El sol
El vino

La suma de las partes ya no está. Te queda pequeño todo lugar. Empezó cuando llegaste y no pudo parar. Lo dejaste avanzar. Se descontroló y todo se infectó. Es un virus tropical. Ahora debes terminar lo que empezaste.

Tienes que saber que la película brota y se abre a tu universo. Se rinde. Está muy emocionante. Está muy bella. Quedas como toda una lady. Y estamos agradecidos. Se llamó, simplemente, «Lemebel». La textura es muy interesante porque no hace diferencia entre las imágenes de los registros de la época con las reuniones que tuviste con Joanna Reposi Garibaldi, quien cumplió su promesa y grabó todo. Todo. Fue la mejor directora que pudo existir para este proyecto. Causa un fenómeno de extrañamiento. Pareciera que todavía estás en tu departamento de Santo Domingo. Borracho o volado. Pensando. Encendiendo ese cigarro. Porque el Popper y el vino en caja ya había pasado. Ahora podías ponerte chino con ron o whiskey. ¡Hasta puso las canciones que no podías dejar de cantar! Y… te quería contar algo... se llevaron un premio Teddy en el Festival de Berlín. Se lo merecen.

También te quería contar cuando dejé de creer en el amor, igual que tú, con alguien que no conoces, y nos hicimos mierda el corazón, mientras escuchábamos el playlist de Gilda camino a Isla Negra. Con poca bencina.

Pedro, no te arrepientas de este amor. Solo, triste, aunque digas que no. Te reforzaste a ti. Te fuiste pronto, pero es válido. Hay que vivir poco y rápido.

Ya podemos hablar de lo lemebeliano.

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Zona tres datos:

1.- El nombre de «Las Yeguas del Apocalipsis», es una oposición a la postura macho-men de los «Jinetes del Apocalipsis» en la Biblia, además de ser un tipo de improperio abanderado al VIH. 
2.- Roberto Bolaño citó a Lemebel como uno de sus escritores chilenos favoritos. Ya con que Bolaño te diga eso, puedes morir más que tranquilo. Logró que su editorial lo publicara en España. 
3.- El año 88, durante una junta de intelectuales con el candidato a presidente Patricio Aylwin, y al que "Las Yeguas" no fueron invitados, Francisco Casas, se abalanzó sobre el candidato al senado Ricardo Lagos y logró darle un beso en la boca.  

Les adjunto la grilla completa del Festival. 
https://sanfic.com/content/uploads/2019/08/GRILLA_digital-final_v2.pdf

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