Apache: la historia de Carlos Tévez

Apache: la historia de Carlos Tévez

  • Por Matías Andújar

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Estoy un poco cansado que pongan a niños a actuar.

Y por un tiempo estuve muy cansado que el cine sudamericano se dedicara únicamente a dibujar el tema de la pobreza. Supongo que era una necesidad. Pero, ¿la única? Y lo que es peor, cuando alguna encaraba otro tema, el resultado era pésimo. Porque «Amores Perros» era un 85% de pobreza pura. Pero no dejaba nada al aire. Con todo cuidado cinematográfico, lejos, uno de los peaks del cine tercermundista. No así, «Un cuento chino» o «Y tu mamá también», que no se aproximan a esta manoseada temática, e igualmente plasman sus manos, cual calle de Hollywood, entre los peaks y cinco estrellas de la gran pantalla de latinoamérica.

Ahora, en agosto, y producida por Netflix, se lanzó la historia de Carlos Tévez que, sabemos nació y vivió toda su infancia y juventud en el llamado Fuerte Apache. Una de las villas más marginales y peligrosas de Argentina.

Nos trae un propósito tan simple como real. Las leyes de la calle. Y un niño que, en medio de balazos, se agacha, y, como caballo de carrera, mira hacia adelante. En busca de la red entre los cuatro palos.

Creció entre confusión, miedos y dolor, intentando comprender esta realidad. Rodeado de precoces alumnos de lo criminal, víctimas inocentes de su infeliz destino.

Aprendieron siempre que la calle es violencia, buscando reclutas a los cuales poder manejar y que la ley del más fuerte es la máxima para sobrevivir.

Esta primera temporada de ocho capítulos, termina con el último de ellos mostrándonos al Tévez de 16 años recién llegado a la AFA, después de haber empezado en la cancha de tierra, luego Old Boys, probarse en Vélez Sarfield, no quedar, ser visto por uno de estos buscatalentos, e irse a las inferiores de Boca. El sueño de cualquier pibe. Luego de una copa con ellos, ser seleccionado nacional y convocado a la banca en primera división, a sus 16 años, quedamos a la espera de la segunda entrega. Todo esto, siempre, hasta ahora, acompañado del crudo telón que cubre la vida en el Barrio Ejército de los Andes.

La verdad, no es un spoiler, porque todos ya advertimos los puntos más álgidos de la carrera de Carlitos. La cuestión aquí es ¿cómo llegó y qué atravesó?

Sin crearse ilusiones, su sueño se fue moldeando, y solo fue gracias a su juicio ingenioso —el juicio de un niño, claro— y un entendimiento distinto. Aprendiendo por oposición.

Todo esto, más un talento latente, hacen a un futbolista llegar a vivir en Trinidad y Tobago, y sacar a toda su familia de este barrio de niebla, que fue su caso. Lo que podría ser el sueño de unos o de otros, pero después de soportar la tormenta, es una brecha gigante que cruzar. 

Caminos de fuego no pudieron derrotarlo. Manteniendo la esperanza de un día surgir.

Personalmente, no encuentro grandes actuaciones, ni encuentro grandes promesas. Creo que Sofía Gala, la mamá de Carlos, me dejó palabras mudas en más de un momento. Y, en verdad, me equivoco, Matías Recalt, "Danilo", sí puede ser una promesa luminosamente inagotable. Pero pasado todo período de transición natural, uno se va introduciendo en el planeta y el sistema que rodea a la serie. De a poco uno se va acostumbrando a la textura, por ejemplo. Cosa que costaba, pero me di cuenta que debe ser que uno ya se está acostumbrando a las superproducciones. Y ahí reside un fallo horrible. Por parte de nosotros, espectadores.

Igual, es súper difícil representar, retratar, ambientar, actuar, maquillar, a nivel cine, esa realidad brutal. El grito del dolor de la muerte de un familiar, la distorsión que podrían producir las drogas al momento de perder el control, el gesto del drogadicto —como el borracho en teatro—, el trabajo de observación de la realidad, por parte de actores, el vocablo que usar, la mímesis.

¿Y saben qué? ¡Los niños son quienes mejor lo hacen!

Progresivamente, van logrando y entregando una ternura tremenda. Se cumple a cabalidad el «pathos» griego, que tiene que ver con el concepto actual de “simpatizar” con ellos. Porque, no lo había mencionado, pero el niño Tévez va de la mano de su mejor amigo durante toda la temporada. Danilo, otro crack del barrio, un chico uruguayo, problemático, “canchero” y sin ninguna red de apoyo. Lo que lo hace estar más expuesto a esta triste realidad.

Su amigo del alma, que la adversidad no pudo unir sus destinos.

Pero nuestro protagonista, al comenzar a salir de su barrio, por cosas netamente futbolísticas, comenzará a conocer nuevos y distintos personajes.

“El Apache”, como comenzaron a llamar al Tévez ya más de adulto, es una persona, un personaje muy carismático y querido en la Argentina. Aunque no seas particularmente hincha de Boca Juniors, te cae bien igual. Es por su historia. Todo el mundo —allá—la conoce. Y aunque sea “bostero”, se genera, se desliza un atisbo de sonrisa al hablar de él. Por eso es que lo llaman para hacer un montón de comerciales.

Está marcado por el camino del dolor. Y no pretende olvidarlo. Le tocó bailar con la que a él le gustaba y lo aprovechó. A punta de golazos. 

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Zona tres datos:

1.- En las cárceles argentinas beben un preparado alcohólico llamado “Pajarito” a base de residuos de fruta, levadura, azúcar y agua hervida. En Chile le llaman “Pájaro Verde” y es a base de aguarrás, pintura o barniz, a veces mezclado con bebida. O un toque de limón.
2.- En marzo del 2013, "El Apache" fue detenido por conducir su Porsche a exceso de velocidad. No tenía licencia ni papeles. Tuvo que realizar trabajos comunitarios. 
3.- El desagradable de Noel Gallagher es fan del City y dice que Tévez es y ha sido su jugador favorito. 
 

 

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