Cuando Álvaro Rudolphy se está maquillando en camarines para grabar una escena de Perdona Nuestros Pecados se mira al espejo. Está vestido de terno gris, con el pelo engominado. En realidad el actor está mirando a Armando Quiroga, mirando un aura que invoca respeto y arrastra mutismo.

“Cuando me toca matar a una actriz se me produce un goce difícil de describir”, bromea Rudolphy mientras Patricia Rivadeneira (Estela Undurraga), sentada al lado, imita el sonido que hace Quiroga cuando se agarra el pecho y exhala con dificultad por sus problemas cardíacos. “Va más allá de la actuación cuando te dicen: ‘tienes que matar a una colega’ y yo respondo: ‘¡esto es lo que he soñado durante décadas!’”, agrega el actor mientras Patricia se ríe. Se nota que a Álvaro le gusta interpretar a Quiroga; lo diría más adelante.

View this post on Instagram

Atardecer en Villa Ruiseñor

A post shared by Alvaro Rudolphy Fontaine (@alvaro_rudolphy_oficial) on

-¿De dónde sacas la inspiración para interpretar a Quiroga?

-Me dejo llevar por el guion. Generalmente no tengo inspiración de nadie ni referentes de películas, los directores son los que normalmente ponen los referentes. Uno tiene que hacer la pega: miro lo que propone el autor, lo que propone el director y me dejo querer.

-¿Prefieres ser un personaje malo?

-Me gusta Armando. No hay una especial predilección por los personajes malos pero me gusta poder sacarle un poco más de punta al malo en general. Tratar de analizar a un personaje perverso. Yo creo que no existe en el mundo, en la vida, en la historia, un personaje intrínsecamente malo. A ver, hay tipos que han sido perversos e históricamente siniestros pero también han tenido una vida familiar, han sido hijo, hermano, y no todo el tiempo han sido malos.

-¿Hay algo de Quiroga en Rudolphy?

-No. Ni en el look ni en cómo trata a las personas. Ni como padre, ni como marido. Ni siquiera en los detalles, yo ni fumo. Creo que éste es uno de los personajes que he tenido que representar que han estado más alejados de lo que soy yo.

-¿Y no le han dicho cosas cuando se pasea vestido de Quiroga?

-De repente cuando voy al casino la señora que da el almuerzo me lanza un comentario: ‘Uy usted está cada día peor. No le voy a dar almuerzo’.  Así que de repente me da miedo que me den la carne o el arroz envenenados.

La carrera de Álvaro Rudolphy no solamente se sigue proyectando en pantalla. El actor, ahora detrás del telón, dirige "El Velorio", una comedia escrita por él y que cuenta la historia de dos hermanos de mediana edad que están velando a su padre, pero nadie más ha ido a acompañarlos, hasta que llega la madre de ambos, la misma que los abandonó a tempanara edad.

-¿Te gusta la dirección de las tablas?

-Me gusta. Me siento cómodo. Pero es complejo, hay que hacer un esfuerzo bastante grande. Generalmente uno como actor uno se deja llevar: tienes el guion, el director, te conviertes en un instrumento de la obra. Y aquí yo paso a ser lo otro: a ser el autor, el director. Es como pasarse al otro lado de la cancha, detrás del telón. Es interesante y en este caso ha funcionado muy bien, una obra que ha tenido buenos comentarios y le está yendo bien de público así que doblemente gratificante. 

Álvaro Rudolphy sale de la sala de maquillaje y camina hacia el set para grabar la próxima escena de Perdona Nuestros Pecados. Hay personas que lo miran de reojo, ojos que no se atreven a saludar, y aunque minutos atrás estaba hablando Rudolphy ahora sabemos que está caminando Armando Quiroga.