En este capítulo de Carmen Gloria: Fuerte y Claro, Cristian tiene 51 años y se hace cargo de Francisco, su padre de 83 que depende completamente de sus cuidados por un deteriorado cuadro de salud. Pese a una infancia marcada por la violencia de su papá, decidió acogerlo al encontrarlo abandonado.
Sin embargo, este gesto de perdón trajo consecuencias a la vida de Cristian en lo laboral y personal, así que acudió al programa para que sus hermanos cooperen con él en esta tarea.
Las hijas del primer matrimonio de Francisca (Patricia, María Angélica y Mónica) dicen haber cuidado a su padre por años y acusaron conflictos previos con Cristian. Pero pese a lo anterior, se llegó a un acuerdo para que los hijos aporten un monto para pagar por una residencia de larga estadía o, en su defecto, contratar a alguien que ayude a Cristian con los cuidados.
Asimismo, la municipalidad de Puente Alto está en conocimiento del caso y ayudará a Francisco con pañales y sabanillas.
Crecer entre violencia
Fuerte y Claro quiso ahondar en las secuelas de la violencia intrafamiliar (VIF) que vivió esta familia, con la explicación del psiquiatra USACH, Pedro Lucero.
"La violencia intrafamiliar puede dejar huellas psicológicas muy profundas, como ansiedad, miedo, dificultad para volver a confiar en otras personas, pero también hay distintas formas y trayectorias de relacionarse con la persona que ejerció la violencia".
"Algunos van a preferir tomar distancia para protegerse de la persona que los agredió, establecer ciertos límites, pero también hay algunos casos de otros hijos que toman la iniciativa del cuidado de este padre que en algún momento fue agresor", señaló.
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