Armando Quiroga se ha estado apretando el pecho. Trata de contener un dolor en la mitad de su cuerpo, en la mitad de su alma. Quiere agarrar su corazón; contener ese dolor que viene de mal en peor. Que viene en aumento, al ritmo de su maldad. 

Pero el martes los latidos llegaron a su límite. El amo de Villa Ruiseñor cayó a la piscina y cuando despertó se encontraba hospitalizado. Pasaron seis meses. Seis meses de control, de purificación, de encomienda.

Pero ayer, ahí en Villa Ruiseñor, nadie lo podía creer. Armando Quiroga, volvía, rezaba, y se entregaba, en cuerpo y alma, a una fe que ha usado de pantalla. Los fanáticos de Perdona Nuestros Pecados reaccionaban con dudas, porque simplemente la cosa no calza.