Teresa y su marido han tenido difíciles años de convivencia con Ernesto, su cuñado que vive en el mismo terreno. 

Las fricciones llegaron a tal punto que ocurrieron hechos de violencia entre las familias y obligaron a que Romané, hija de Teresa, decidiera abandonar la casa de sus padres. 

En contacto con Fuerte y Claro, la joven declaró que "era un infierno, no se podía vivir. Había que tener cuero de chancho para vivir ahí".

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"Si pudieran llegar a un acuerdo..."

Romané va de visita y ni siquiera puede estacionar el auto en la propiedad y debe dejar su vehículo afuera. "Todos los días paso a ver a mi mamá y al bebé que es hijo de mi hermana. Yo no puedo estacionarme ahí y si ellos no fueran tan malvividores, dejarían espacio para estacionar un auto". 

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Luis, su padre, es dueño de la mayor parte del terreno y aún así no puede disfrutar de esos metros cuadrados. Su tío "le quita el espacio a él. Tiene el 90% del terreno comprado y a Ernesto le corresponde mucho menos. Él no se va a arriesgar a darle, a cederle, a que estacione un auto o que o que tenga un portón como la gente". 

"Si pudieran llegar a un acuerdo, podrían vivir de lo más bien, (...) llevar una convivencia sana como familia, pero sé que eso es imposible"

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