El tradicional Parque Metropolitano se ha transformado en un punto de interés para todo tipo de incivilidades, como consumo de alcohol, drogas e incluso relaciones de pareja, ocultas entre sus senderos. La delincuencia también es otra visita ingrata y la cual, al caer la noche, se hace más presente.

Sus más de 700 hectáreas de naturaleza, que colindan con cuatro comunas, hacen compleja la labor de sus 35 guaridas y personal de Carabineros. Y es que deben hacer constantes despliegues para controlar el funcionamiento.

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En plena luz del día se registran personas con ropa deportiva bebiendo cerveza, fumando drogas. Mientras que otros aprovechan los senderos solitarios del parque para delinquir, atacando principalmente a ciclistas.

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El equipo de seguridad cuenta con un dron de última tecnología que opera hace un año. Con este dispositivo realizan seguimiento de visitantes con actitud sospechosa, quienes, en ocasiones, amedrentan lanzando piedras.

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También existe otra situación que preocupa a los encargados, el "cruising", una práctica utilizada por jóvenes que se coordinan en redes sociales para tener encuentros en los rincones más recónditos del parque.

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