Dominaba las radionovelas y las artes teatrales. Arturo Moya Grau nació en 1920 y fue considerado el "Shakespeare chileno". Y es que de su máquina de escribir nacieron historias que dejaron huella por varias generaciones en Chile y el mundo.
Corriendo entre cerros por Valparaíso conoció de cerca el mundo popular. Y a través de la radio se desarrolló como libretista y, más tarde, como actor. Ya desde entonces combinaba como pocos el drama y la comedia, en historias humanas y cotidianas que comenzaron siendo dramatizadas en el dial, para pasar por la literatura y la televisión.
Sus primeros pasos firmes
Para la década de los 50, Moya Grau ya era el creador de dramas radiales más famoso del país y con su compañía de teatro contaba con experiencia internacional. Por eso no fue extraño que en los 60 viajara a México para crear historias para la cadena Televisa (entonces Telesistema mexicano).
El impacto de su obra en el país azteca lo motivó a regresar a Chile para profesionalizar en sus propias tierras la creación de teleseries nacionales. Fue parte de la productora PROTAB y con su pluma desarrolló clásicos en blanco y negro como El Padre Gallo, Sol Tardío o La Colorina.
Él quería que las teleseries chilenas fueran tan relevantes como ya lo eran las mexicanas, brasileñas o venezolanas.
Su gran salto a la fama
Pero en 1981 se desataría la locura y gracias a él se abriría la primera área dramática del país. De su pluma nace para Canal 13 La Madrastra, una de las teleseries emblemáticas de la televisión y de las más versionadas en el mundo (cuenta con remakes en México, Estados Unidos y Colombia).
A partir de ese hito, los canales comenzaron a desarrollar sus propias teleseries y a no depender de casas productoras externas, lo que –de paso- llevó a PROTAB a su cierre definitivo.
Un hombre consagrado
La década de los 80 lo vería lucirse como guionista de grandes dramas y actor cómico en sus propias telenovelas. La Noche del Cobarde, La Trampa y La Última Cruz son algunos de esos títulos.
A comienzos de los 90 anuncia su retiro y fallece en 1994, dejando un legado que trascendió generaciones.
Sus obras han seguido exhibiéndose con nuevas versiones, rebautizadas como Salomé, Forever, Sentimientos Ajenos, ¿Quién mató a Patricia Soler?, entre muchas otras.